Hablamos de diástasis abdominal cuando hay una separación de los músculos rectos abdominales, esto ocurre principalmente, durante el embarazo en el segundo y tercer trimestre, cuando el útero y los cambios hormonales van distendiendo el abdomen.

Nuestra faja natural abdominal, se compone por tres capas musculares las cuales le dan estabilidad al tronco. Éstas, se disponen en distintas direcciones permitiendo diferentes acciones, si partimos de profundo a superficial, primero nos encontramos en el transverso del abdomen,  luego los oblicuos mayores y menores y por último el más superficial músculo recto abdominal (tableta de chocolate).

Aún no hay un consenso claro de los factores de riesgo que causan la diástasis abdominal, pero se cree que la multiparidad, el aumento de peso, la edad materna, el peso fetal, el origen étnico, el cuidado de niños pequeños durante el embarazo, el embarazo múltiple, la macrosomía fetal y la debilidad o falta de tono muscular del abdomen en el embarazo, son las principales causas que desencadenan una diástasis abdominal.

Los rectos abdominales están unidos por una aponeurosis. Durante el embarazo se va distendiendo, a la vez que los rectos abdominales crecen longitudinalmente hasta 15 cm al final del embarazo. Estos cambios van a causar que el recto abdominal tenga forma de ojal. Si durante el embarazo hay muchas hiperpresiones (toser, estornudar, coger peso, etc.) y debilidad muscular, van a ir aumentando el ojal que forman la musculatura, pudiendo llegar a distender tanto que se rompa esta aponeurosis.

Tras dar a luz, una de las causas por la que se tiene que pasar una valoración por parte de un fisioterapeuta especializado, en pelviperineología es para ver como ha quedado el abdomen. La valoración se hará con la mamá tumbara boca arriba, el fisioterapeuta coloca sus dedos en la zona media del abdomen, tanto supraumbilical con infraumbilical y le pide que eleve la cabeza de la camilla (haciendo un abdominal convencional) de esta manera se estarán contrayendo los músculos rectos, y así mediremos con los dedos que separación hay entre los dos vientres musculares. Una manera más precisa de medirlo sería usando el ecógrafo, donde podremos medir esta distancia en centímetros y ver si hay diástasis patológica o no. Nosotras en todas las clínicas donde trabajamos tenemos el apoyo de un ecógrafo para hacer una valoración lo más completa posible.

Nuestra faja abdominal natural nos da estabilidad al tronco y la pelvis, una correcta respiración, da soporte a las vísceras abdominales y es fundamental para mantener una buena postura. Si existiera una diástasis abdominal lo anterior mencionado no sería posible ya que alteraríamos toda la esfera abdominal y la transferencia de fuerzas, causando disfunciones a nivel lumbopélvica y síntomas uroginecológicos como incontinencia urinaria, incontinencia fecal y prolapsos de los órganos pélvicos.

¿Cómo puedo prevenir la diástasis durante el embarazo?

No hay evidencia científica que avale que hacer durante el embarazo para prevenir una diástasis abdominal, pero se han visto mejoras en aquellas mujeres que durante el embarazo hicieron ejercicio físico ayudando a mantener la fuerza, el tono y el control de la musculatura abdominal. Se trabajará el transverso del abdomen haciendo una contracción donde llevaremos el ombligo para dentro al espirar, quitando tensión al ojal de los rectos abdominales. Esta contracción del músculo trasverso se les pedirá a las mamás que lo activen cuando tengan que hacer cualquier tipo de esfuerzo, como toser, estornudar, coger peso, etc. de esta manera impediremos crear más tensión en la línea alba y que protruya una pequeña pirámide en medio del vientre. Si fuera necesario también se podrá usar bandas de neurotape para ayudar a quitar tensión a nivel fascial.

¿Cómo puedo trabajar la diástasis en el postparto?

Tras dar a luz el abdomen se encuentra flácido y aun como si la mamá siguiera embarazadas de unos meses. En este momento hay que comenzar a activar el músculo transverso del abdomen y oblicuo interno, para fortalecer e impedir que las presiones aumenten la diástasis.  Si la diástasis fuera muy grande la mujer puede quejarse de dolor abdominal y la sensación de tener muchos gases, todo esto empeorando con el movimiento.

Se desaconseja hacer abdominales convencionales (elevar la cabeza del suelo) en un principio, ya que esto podría aumentar la separación de la línea alba empeorando la diástasis. Si la musculatura del abdomen no está fuerte y hacemos un abdominal convencional, el abdomen irá hacia fuera,  generando un aumento de presión interna, pudiendo así también debilitar el suelo pélvico, porque todas las presiones irán hacia ese sentido.

Una buena higiene postural será fundamental porque solo con eso el abdomen estará en contracción, pudiendo de esta manera facilitar la gestión de presión. Se deberá  usar un cojín de la lactancia para ayudar en esa correcta postura al amamantar.

Se podrá usar también electroestimulación para reforzar la musculatura del abdomen junto con un programa de ejercicios.

El uso de fajas (específicamente diseñadas para estos casos) podría estar indicado si la diástasis es muy grave, pero sólo las primeras semanas tras dar a luz y acompañada de un programa de ejercicios, porque si esto no fuera así la faja debilitará aun más la musculatura, retrasando la recuperación.

El ejercicio postparto es beneficioso tanto para la madre como para el bebé, ayudando en la pérdida de peso, mejorando la condición cardiovascular, mayor energía, mejor lactancia y disminución del dolor de espalda.

Si después de todo esto aun continúa esa protuberancia abdominal y existen molestias continúas más problemas estéticos, podría hacerse una corrección quirúrgica donde cerrarían la diástasis devolviendo la estabilidad a la cintura abdominal. Si llegara a ser esta la solución, se haría primero una rehabilitación preoperatoria y luego una postoperatoria para garantizar una correcta recuperación.

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